jueves, 26 de septiembre de 2019

Por qué y para qué enfermamos

Enfermamos por no seguir las leyes cósmicas y naturales que deben regir nuestras vidas, para que nos demos cuenta de que algo estamos haciendo mal.

La enfermedad, o lo que algunos conocemos más amablemente como estado adaptativo de salud, puede ser muchas cosas y ser vista de muchas maneras, bien sea desde adentro o desde afuera, desde un punto de vista emotivo o desde uno científico, como un acontecimiento inevitable de la vida humana o como una desviación de la verdadera naturaleza del ser. Lo cierto – en esto me parece que la mayoría concordamos – es que enfermar constituye un momento poco agradable en el que el sujeto enfermo – o enferma – no se la pasa bien. Hay dolor, incapacidad, disfuncionalidad, molestias, etc. También tendemos a coincidir en que la “enfermedad” es o debe ser un estado excepcional dentro de la vida humana. Es decir, normalmente, deberíamos vivir sanos y solo ocasionalmente enfermarnos. 

Si el tiempo de enfermar es un tiempo excepcional, habrá que pensar que algo tiene de especial. Y lo que tiene es justamente esa llamada de atención, esa alerta que nos dice y nos reclama: “Oye, hay algo que no está bien”. Y puede ser algo en nuestras relaciones, algo en nuestra manera de reaccionar o comportarnos, algún hábito, algún pensamiento, una situación mantenida por demasiado o por demasiado poco tiempo… El caso es que la causa de la enfermedad casi siempre podemos rastrearla y encontrarla, si nos fijamos bien, en nuestras propias actitudes. Por eso, el tiempo de enfermar debería llevar siempre a algún tipo de cambio en nuestro estilo de vida, por pequeño que sea. Sí, un cambio para podernos adaptar mejor a nuestra propia vida y circunstancias. Si pasamos por alto esa necesidad de cambio, si “hacemos que nos curamos” engañando al cuerpo con químicos, por ejemplo, o fingimos que no nos damos cuenta, y no cambiamos nada en nuestro sistema de vida, esa enfermedad – que a lo mejor solo era una molestia al principio – posiblemente se va a profundizar y a cronificar. 

La enfermedad es una llamada de alerta. Hay que saberla escuchar. Hay que hacer el ejercicio de descifrar su mensaje (muchas veces solo hace falta sincerarnos para entender) y con eso ya tendremos un buen trozo del terreno ganado a favor de una salud duradera. Así que… ¡atentos y alertas! Tengamos el coraje de admitirnos a nosotros mismos qué es lo que realmente nos pasa. "¡Conócete a ti mismo!", ¿recuerdan? Solo así habremos dado el primer paso hacia el verdadero fortalecimiento de nuestro auténtico Sentido. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios

La importancia del ritmo

Si nos fijamos, todo en la Vida está hecho de ritmos. Incluso la materia no es más que energía cósmica estructurada de acuerdo con determina...