sábado, 16 de enero de 2021

La importancia del ritmo

Si nos fijamos, todo en la Vida está hecho de ritmos. Incluso la materia no es más que energía cósmica estructurada de acuerdo con determinados patrones, y esos patrones también son o expresan ritmos, ciclos y procesos que tienen un comienzo y una culminación. La luz del día comienza y termina con regularidad, la luna se llena y se “vacía” en unos lapsos de tiempo que son constantes, las estaciones van y vienen para luego repetirse en un orden establecido. Estos ciclos periódicos están presentes también en el cuerpo humano, que es un microcosmos, y gran parte de eso que los maestros llaman “el arte de vivir” consiste en seguirlos y mantenerlos con humildad, con entrega, con flexibilidad, con ternura, con belleza, con servicio.

Acoplarse a los ritmos naturales es algo que nos conviene y nos corresponde hacer no solo por interés personal, sino también por el bien de todos, ya que, tras la aparente separación entre unos seres y otros, todas las formas de vida y consciencia formamos una sola unidad, una única e indivisible sinfonía compuesta y ejecutable por una enorme variedad de instrumentos: nosotros. Y cuando en una sinfonía uno de los instrumentos se desafina o pierde el ritmo, su efecto se siente en el todo, no solo en una parte. Del mismo modo, cuando alguien toca muy bien un instrumento dentro de un grupo, esto eleva y afina la calidad de todos.

Seguir los ritmos naturales del sueño y la vigilia, de la ingesta de alimentos y de la respiración tiene el efecto inmediato de centrar nuestra energía individual y de sintonizarnos positivamente con el entorno. Entonces, como por arte de magia nuestra vida se simplifica, nos volvemos capaces de soltar lastres innecesarios y todo empieza a fluir con mayor abundancia y espontaneidad.

Para ello basta con mantener hábitos saludables y de sentido común, pero debemos reconocer que, hoy en día, incluso esto puede resultar complicado para muchos. El sistema de vida que lleva la mayoría en Occidente implica prisas, prisas por todos lados, además de fuertes exigencias económicas que no todos se sienten capaces de sobrellevar con tranquilidad. El estrés resultante es uno de los factores que nos hace perder el ritmo de la Creación: nos acostamos demasiado tarde porque estamos enganchados con la tecnología, o no dormimos bien porque tomamos demasiados estimulantes, comemos cualquier cosa y apurados, nos detenemos muy poco a respirar profunda y conscientemente, rara vez frecuentamos la naturaleza.

Volver a los ritmos naturales cuesta, pues, un cierto esfuerzo de ajuste. A algunos quizá les baste con un poco de disciplina. Otros tal vez tengan que negociar con terceros para que sus vidas puedan retomar ese cauce. En todo caso, sea grande o pequeño el esfuerzo, digo que es importante hacerlo y vale la pena, porque nada puede hacernos más felices que ser quienes realmente somos, y esto pasa necesariamente por una cierta obediencia a las leyes que conforman nuestro diseño original. No estamos diseñados para trasnochar todos los días, ni para estimular nuestras suprarrenales de manera permanente, ni para atragantarnos de basura, ni para vivir aislados de nuestra madre y nave nodriza, la Tierra.

De hoy en adelante, procura simplemente observar los ritmos que conforman tu vida y siente su armonía o desarmonía. Caminar, respirar, masticar, dormir y despertar, tu corazón latiendo… todo eso tiene un ritmo. Si escuchas con atención, tal vez te sea dado oír desde adentro la sinfonía de la Vida y cuál es tu lugar exacto en ella.

viernes, 6 de marzo de 2020

¡Oh, divino y ardiente emperador!



Si el agua es el elemento que marca la pauta de nuestro origen y de nuestro sentido de lo Eterno, el fuego es esa otra fuerza –opuesta y complementaria– que nos llama hacia lo alto, inspirándonos a dar cumplimiento a nuestros ideales… donde brilla la Luz.


La Medicina Tradicional China postula que el elemento fuego tiene cuatro vectores en la economía energética del ser, a saber, el triple recalentador, el maestro de corazón, el intestino delgado y el corazón. Los antiguos chinos consideraban a este último como el emperador del microcosmos que es el hombre, porque es el órgano que comanda y recoge de todos los demás órganos –riñón, hígado, bazo, pulmón– sus humores y quintaescencias y sirve de espacio para el surgimiento de un sentido global de la existencia. Cuando sabemos y sentimos que nuestra vida tiene un sentido (un Tao, un camino), lo sabemos con el corazón y esto nos produce alegría. La alegría –una alegría no desbordada, sino dulce y juiciosa que se expresa hacia el exterior pero también nutre lo interno– es el sentimiento natural del corazón, una brújula que nos dice si estamos haciendo lo que nos corresponde hacer en la vida.
Cuando una actividad nos aburre, por ejemplo, es porque el emperador nos está diciendo: “Para, que no es por aquí la cosa. Tú tienes otras cosas más importantes que hacer…” El aburrimiento es la sensación de que una cosa no tiene sentido para nosotros. Quizá lo tenga para otros, pero a mí… me aburre. En cambio, si algo me produce alegría –pero no una alegría egoísta, sino una alegría luminosa que yo siento que puede expandirse hacia los demás– entonces sí, es por ahí: el camino de tu ser tiene que ver con eso. Según estudios realizados en Gran Bretaña y Estados Unidos, el aburrimiento crónico es una causa importante de enfermedad cardíaca. La interminable rutina, la falta de poder de decisión sobre la propia vida, la ausencia de intereses reales o estímulo mental suficiente –incluso en un mundo plagado de medios e información como el que habitamos– pueden hacer que terminemos cansados, desinteresados, indiferentes o incluso deprimidos. Y estas sensaciones, humores o estados de ánimo, como van en contra del proyecto vital del ser, el que viene grabado (o al menos sugerido) en nuestros genes, van debilitando poco a poco a ese emperador, hasta que empiezan a manifestarse las cardiopatías. Evidentemente, este no es el único factor de riesgo, ¡pero es uno importante! ¡Lo han dicho los científicos! Así que ya podemos creérnoslo. La mayoría de los entendidos concuerdan en que es así.
Evidentemente, desde el plano de consciencia “normal” de este mundo material en el que habitamos, encontrar y alinearse con el propio camino muchas veces cuesta. Desde niños, desde otras vidas, desde muy atrás empiezan a pesarnos un montón de condicionamientos –miedos, dudas, iras, desamores, soberbias y demás– que nublan nuestra visión y nos mantienen en la esclavitud de la ignorancia de nuestra verdadera identidad. Esos son los condicionamientos que pueden mantener a alguien atado a una actividad que en realidad no es lo suyo por años. “No es lo que más me gusta, de hecho me aburre. Es más, lo detesto. Pero lo hago porque tengo miedo de no encontrar nada mejor. Me da seguridad. Necesito el dinero. Es lo que otros quieren que haga…” Las excusas abundan. Pero, ojo, son patrañas. Telarañas en las que un ser puede quedar envuelto y atrapado sin haber dado ni un paso en el camino de su auténtica realización.
Afortunadamente, la Vida es más fuerte que la necedad humana. Cuando alguien se empeña en negarse a sí mismo, o cuando deja que otros le nieguen, o incluso cuando cree que no tiene otro remedio, indefectiblemente surge eso que conocemos como “enfermedad”. Es la manera que tiene la Vida de decir que un proceso no va por buen camino. De ahí que un corazón aburrido pueda terminar siendo un corazón enfermo. Al no obedecer a su propia naturaleza de amor y luz, el soberbio emperador termina siendo rechazado por la Fuerza. No definitivamente, porque sanar siempre es posible… pero habrá que pasar por ese estado llamado enfermedad, llamado dolor, llamado incomodidad, llamado muerte, hasta que esa oscuridad, esa negación quede finalmente disuelta y el ser logre finalmente entender y expresar su auténtica naturaleza: un estado de salud y realización pleno y constante.
Algunos piensan que la enfermedad, o “estado adaptativo de salud”, como le llama la Escuela Neijing, es inevitable. No es así. En lo que atañe al corazón específicamente, hay mucho que podemos hacer en términos de prevención. Y, aunque suene raro, lo primero es que, teniendo en cuenta que este órgano es el asiento del espíritu, hagamos al menos un mínimo esfuerzo diario por ejercer nuestra naturaleza espiritual, nuestro origen divino. La cantidad de maneras que existen para hacer esto es casi infinita. Como dice un viejo refrán hindú, “existen tantas religiones en el mundo como corazones humanos”, pues cada uno tiene una conexión única, particular e intransferible con lo supremo. Lo esencial no es que mi manera de ser espiritual concuerde con la tuya, con la de otro, con la de la religión establecida, ni siquiera con la de mi familia. ¡No! Lo esencial es que esa conexión se promueva y se ejerza en el vivir diario de la persona. Para algunos será la oración, para otros la meditación, otros preferirán hacer algún tipo de ritual, otros practicarán yoga o qigong o taichí, o lo canalizarán a través del servicio, o a través de alguna forma de arte, o deporte, o procurando, simplemente, de hacer bien su trabajo. Para otros, el solo hecho de saludar con una sonrisa al portero todos los días representa el summum de la santidad. ¡Bien, pues también vale! La sola intención de vivir con entrega y pulcritud, con honradez, con disciplina, en definitiva ¡con virtud!, ya es acercarnos a lo supremo, más allá de la denominación religiosa que elijamos, o no. No hay que olvidar que el Principio es omnipresente y ¡no se agota!
¿Es decir que tener una vida espiritual es lo que más nutre la alegría del corazón y fortalece la vitalidad? Sí. Al conectarnos con la fuente, simplemente somos más felices en todos los planos, incluyendo el físico, ese que tanto nos preocupa: que si el cuerpo, que si la plata, que si la comida, que si la ropa. Cuando entramos en sintonía con el Espíritu, las preocupaciones se disuelven, los humores fluyen, las ideas se hacen más frescas y amables, nos volvemos útiles a los demás… y todo ello implica que estamos también más saludables. Porque no hay remedio más potente contra cualquier mal que la felicidad auténtica que brota de esa fuente. Después ya podemos pensar en agregar algunas prácticas preventivas adicionales, como el masaje con loofa a la hora de ducharse para promover la circulación (en medicina china, todos los vasos del cuerpo son una extensión del corazón). Podemos agregar ejercicio cardiovascular dos o tres veces por semana. Podemos cuidar nuestra dieta, consumir Omega 3, 6, 9. Todo eso va a ayudar. Pero la verdadera alegría surgirá y se mantendrá solo en la medida en que reconozcamos en nosotros mismos esa vocación natural, innata, que tenemos de entregarnos y aspirar hacia lo alto, esa vocación de brillar, de ser cada día mejores y de amar con todo. Ese es el fuego del espíritu que jamás debemos dejar de alimentar y custodiar.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Eppur si muove



Por muy instaurado que tengamos el estilo de vida sedentario, en lo más íntimo de su esencia el ser humano sabe y no puede negar que está hecho para moverse. Prestar atención a ese llamado interno es una importante muestra de amor propio y de aprecio por la vida.

En la misma línea del artículo anterior comparto ahora un par de tips o consejos de prevención desde la perspectiva del movimiento y la expansión. Antes hablé del agua, de ese fluir purificante y del impulso vital innato que nos lleva a perfeccionarnos a nosotros mismos y a evolucionar. Ahora le toca el turno al elemento –reino mutante, en Medicina China– de la Madera.
Madera significa movimiento, crecimiento y expansión. También decisiones y creatividad. Tiene mucho o todo que ver con esas ideas o idealismos que nos llevan lejos. En el cuerpo humano, la madera se manifiesta como decisión, risa, generosidad, ímpetu, músculos, tendones, hígado, visión, ojos. Cuando una persona es muy inquieta y móvil, se dice que es “muy madera”. Cuando no logra decidir, decimos que tiene la “madera alterada”. Cuando es o está irascible, decimos que tiene la “madera disparada”, porque este elemento, como todos, también tiene un aspecto negativo que genera rabia, intolerancia, irritabilidad, violencia.
Sabiendo esto, podemos fácilmente preguntarnos cómo está nuestro reino mutante de la madera hoy. ¿Siento que muevo suficientemente mi cuerpo, mis ideas, mis emociones, mis talentos? ¿Tomo decisiones acertadas en base a mi conexión intrínseca con Lo Creativo? ¿Soy generoso, generosa? ¿Río lo suficiente? ¿Cómo está mi ánimo? ¿Cómo reacciono cuando alguien o mi entorno no responde exactamente a mis expectativas? Así, podemos evaluar la calidad actual de nuestra madera en base a nuestras respuestas (siempre y cuando sean totalmente honestas).
Una de las indicaciones más claras de que nuestra madera necesita atención es la sensación de frustración, rabia e impotencia que surge cuando sentimos que no podemos sortear los obstáculos que impone el mundo para crear la vida que realmente deseamos vivir, y nos sentimos presos o esclavos de una relación, de un empleo, de una propiedad o, en definitiva, de un miedo. Entonces las “comodidades”, malas consejeras, nos dicen: “Tranqui, todo está bien. Cómete un helado, tómate una cerveza, mira una película, distráete, cómprate algo, evade la realidad de tu frustración y quédate exactamente donde estás, que así no crearás problemas”. Lo cual… ¡es una trampa! Y la humanidad lleva siglos atascada en ella. Pero ya va siendo hora de cambiar.
-          Pero, ¿para qué voy a cambiar si estoy tan bien así, con mis comodidades y mi frustración, esa que tantas personas compartimos y llevamos de paseo al psiquiatra y a los centros comerciales? ¿Qué haría yo sin mi impotencia? ¿De qué me quejaría a la hora de quejarse? ¿Acaso tendré que quedarme mudo, muda, como un idiota que no sabe nada de la vida…?
-          No. Porque justamente, la vida… puede ser otra cosa. La vida puede ser un estado permanente de realización, un orgasmo mantenido en el que cada culminación lleve la semilla de un nuevo comienzo en la libertad de saberse total y absolutamente acogido y sustentado por la Creación, ¡sin condiciones!
-          ¡Ajá! ¡Sí! ¡Yo quiero eso! ¡Quiero vivir mi vida sin frustración ni rabia ni impotencia! ¡Quiero expandirme y moverme libremente hacia la luz, como un árbol! ¡Quiero ser y sentirme plena y dichosa por el solo hecho de estar viva, sin condiciones!
-          ¡Perfecto! ¿Sabes que ese deseo tuyo me hace muy feliz? Pero… una pregunta, ¿cómo estás ahora?
-          ¡Ahora estoy presa! Me siento como un pajarito triste que habita en la jaula gris de este cuerpo tan sedentario, tan goloso, tan perezoso… ¡Creo que si no comienzo a moverme pronto, mi alma va a estallar de desesperación!
-          ¡Bien! ¡Pero ten cuidado! No vaya a ser que le estalles encima a alguien. Aunque eso está genial, ¡sí! ¡Significa que algo en ti está a punto de cambiar, de mutar a otra cosa!
-          ¿Mutar? ¿Cambiar? Sí… pero ¿cómo…?

Es aquí donde entran los tips.
Para activar nuestra madera, que equivale a decir toda nuestra decisión y generosidad para hacer que nuestros dones participen del juego de la Creación, podemos empezar simplemente por mover nuestras articulaciones. Sí, una por una, desde la nuca hasta los dedos de los pies, pasando por hombros, codos, muñecas, dedos de las manos, cadera, rodillas y tobillos. Simplemente movilizar esas zonas describiendo pequeños y grandes círculos y/o trazando pequeños y grandes infinitos con cada articulación. La idea es que los ligamentos y tendones no se entumezcan, que se mantengan vivos y deseosos de sentir, de explorar, de expandirse, como las ramas de un árbol.
Una vez que hacemos este ejercicio de movilidad articular y entramos en un mínimo de calor, la sugerencia es comenzar a bailar libremente. Pongo una música que me inspire durante diez, quince minutos, y me dedico a moverme pero ahora con más libertad, sin restringirme a las articulaciones ni llevar un orden preciso. Simplemente me muevo, bailo, y sobre todo celebro la vida. Puede parecer raro, pero está científicamente comprobado que diez minutos de baile libre celebratorio al día drenan todo el estrés de las últimas veinticuatro horas del organismo. ¡Veinticuatro horas de adrenalina y cortisol innecesarios, drenados para siempre en apenas diez minutos! Aunque, si empiezas a hacerlo, irás queriendo que sean cada vez más. Y lo mejor de todo: ¡es gratis!
Y finalmente, como tercera propuesta de prevención desde el Reino Mutante de la Madera, aunque hay muchas más cosas que se pueden hacer, está el limoncito. Medio limón exprimido en medio vasito de agua tibia todas las mañanas, en ayunas, no solo nos va a limpiar por dentro, sino que además va a nutrir nuestra decisión y nuestra creatividad a través del hígado y la vesícula biliar. Es la magia que los antiguos chinos descubrieron que tienen los sabores. El sabor ácido, y especialmente el limón, tiene esa cualidad. Así que si te sientes estancada, frustrada, indecisa, aburrida, mezquina o cualquier otra cosa que se le parezca, te invito a seguir estos tips de prevención y despeje del movimiento madera. Si los sigues tal y como los he explicado, en poco tiempo empezarás a sentir ciertos cambios, y seguramente terminarás exclamando, como lo hizo Galileo Galilei después de su famosa abjuración, Eppur si muove! Porque es verdad. El universo se mueve y tenemos dos opciones: o nos movemos con él, o morimos arrastrados por nuestra propia inercia.
¿Cuál de ellas vas a elegir hoy?

viernes, 20 de diciembre de 2019

Prevenir purificando para perfeccionarse



En la antigua China, los médicos cobraban solo por impedir que sus pacientes enfermaran, ya que su función era fundamentalmente preventiva. Y cuando alguno de los que estaba a su cuidado caía enfermo, correspondía al médico cubrir todos los gastos. Además, le ponían una lamparita en la puerta de la casa como señal de deshonor, pues no había cumplido bien su tarea.
Hoy en día, podríamos decir que más del 90% de la medicina está centrada en tratar, curar, sanar, paliar, aliviar afecciones ya instauradas. Aunque muchos hemos logrado identificar cosas muy específicas que nos debilitan o enferman, es muy poca la atención que le prestamos a la tarea de prevenir. Sobre todo la población en edad productiva vive bajo el esquema de hacer grandes esfuerzos “hasta que el cuerpo aguante”, y cuando el cuerpo se queja o se quiebra, vamos al médico para que nos solucione el problema.
¿No sería mucho más práctico y barato impedir que pase lo malo, antes de que pase? Es importante que rompamos el hechizo sistémico que nos hace creer que es especialmente difícil introducir ciertos pequeños cambios en nuestro modo de vida. Cambios pequeños, pero significativamente útiles porque van a impedir que nos enfermemos. Y así nunca tendremos que ir al médico, no tendremos que gastar en medicinas, tendremos una mejor calidad de vida.
Según la tradición oriental, todo lo que el ser humano tiene que hacer para mantenerse por siempre joven y sano, para alcanzar la longevidad e incluso la inmortalidad es seguir las leyes del Tao (para los hindúes, Dharma). ¿Y qué leyes son esas?, preguntarán algunos. La primera cosa que viene a la mente cuando pienso en Dao es el elemento agua. Porque el agua es el origen, el principio, el Alfa y el Omega, simultáneamente el fin, la sustancia y el sentido de la existencia. Es Dios, es vida, somos nosotros. Posibilita la vida y la alarga. También contiene toda la información particular y de especie que cada ser necesita para desarrollarse plenamente, es decir, para desplegar, a lo largo de su vida, todo el amplio y glorioso abanico de sus potencialidades. El agua es, según la Tradición, nuestra esencia. Por eso es tan preciosa, y debemos conservarla. Conservar, nutrir y atesorar la esencia equivale a estar fuertes, sanos, y a vivir muchos años con una amable sonrisa en el rostro.
Conservar la esencia es tener defensas inquebrantables en base a que el agua, como es blanda, Yin, nunca se enfrenta con nada, sino que sigue el camino de la adaptación. Todo lo acepta, a todo se amolda, nunca entra en conflicto ni dice: No, porque yo soy así… y punto. Es que yo soy muy… tal. No. El agua fluye. Así como debe fluir el ser humano en su hacer, en su sentir y en su pensar, manteniendo, por supuesto, una consciencia clara de cuál es su camino, que es lo mismo que decir su Dao. O por lo menos una consciencia de que hay un camino por descubrir. Y es ahí donde surge la alerta de decir, bueno, si quiero encontrar y fluir por mi camino en santa paz, es decir, en salud, tengo que cuidar de que esa agua no se contamine. Y esa es, justamente, una de las primeras utilidades mágicas de ese elemento sagrado llamado Agua: pu-ri-fi-car.
Todo esto puede parecer un poco confuso, quizás, pero en realidad es muy simple: para prevenir en salud, debemos purificarnos. Ya lo decían los griegos, no recuerdo ahora cuál de ellos: “la higiene es la base de la salud”. Purificar es prevenir. Porque aquello que es puro no enferma, en la pureza no me cargo de cosas que no necesito ni soy capaz de reconocer. Y en este sentido me voy a permitir dejar aquí tres sugerencias, tomadas, por supuesto, de la Escuela Neijing, a la que pertenezco.
Primero, cuando me duche en las mañanas, o en las noches, o ambas, o cuando sea que me duche (pero es bueno hacerlo en las mañanas y/o en las noches), una vez cumplido mi aseo formal, el jabón, el champú… me voy a quedar unos minutitos quieta, quieto, bajo el chorro de la ducha, sintiendo el agua correr por mi cuerpo y permitiendo que esa agua purifique mi ser. Es muy simple. Si el agua está fresca, mucho mejor. Que no esté muy caliente. El agua más fría promueve la circulación y eso hace, justamente, que la sangre y los líquidos no se estanquen. Y luego de ese momento de introspección, de conexión, ya puedo empezar mi día y quien lo practique verá que se va a sentir radiante.
Segundo, voy a mantener una alerta sobre los pensamientos que me surjan, y si noto que alguno de ellos está como desviado, torcido, o que no está dentro de lo que considero correcto, me voy a dar un golpecito en la coronilla o parte más alta de la cabeza. Una palmadita suave, pero firme. De esa manera, esos malos pensamientos, por decirlo de alguna manera, se van a ir disolviendo. Por ejemplo, estoy caminando hacia el subte y de pronto veo un perro que me parece feo, y pienso en patearlo. Enseguida me doy cuenta de que esa idea no está bien. Entonces me doy un golpecito en la coronilla y ya. ¡Magia! Se disolvió esa pequeña maldad, y sigo mi camino tranquilamente, bendiciendo internamente a todos los perros del mundo, altos o bajos, flacos o gordos, feos o bonitos, porque todos son seres vivos amados por la Creación.
Tercero, a la hora de las comidas, que ojalá ocurran en horarios más o menos estables y en un ambiente armónico, voy a santificar los alimentos. Es decir, voy a decir una pequeña oración de agradecimiento e intención, para purificarme de la soberbia de dar por sentado ese plato que tengo enfrente mientras que millones de otros seres en el mundo pasan trabajo y hambre. Para purificarme de la gula y enviarme a mí mismo, a mí misma, una señal que me recuerde que no necesito comer tanto para estar bien. ¡Todo lo contario! La vacuidad y el ayuno son elementos de primer orden a la hora de asegurar el buen funcionamiento del organismo. Así que, no importa el credo, pero sí saber y sentir que estoy dimensionando ese alimento de otra manera, dándole una apreciación y un valor que van más allá de lo material, de lo físico. Una oración por los alimentos, agradeciendo el hecho de poder comer y promoviendo la intención de que nada se estanque ni se quede en mi mero gusto o placer.
Con estas tres prácticas, mínimas, podemos aportar un quantum importante de energía a nuestro camino de perfección, que es para lo que estamos diseñados. Sí, porque el ser humano en su proyecto original de universo tiene esa condición innata, y tiene también la opción de desarrollarla aquí, en este planeta, en este plano. Y cuando logramos instaurar gestos de purificación y perfeccionamiento a nuestras vidas estamos haciendo un trabajo de prevención… ¡enorme! Más de lo que imaginamos. Así que… ¡adelante! ¡Felices purificaciones preventivas! Porque nunca es tarde para inaugurar un buen hábito.

La importancia del ritmo

Si nos fijamos, todo en la Vida está hecho de ritmos. Incluso la materia no es más que energía cósmica estructurada de acuerdo con determina...