Sabido es que diferentes individuos tienen diferentes
maneras de enfermar dependiendo de su constitución, herencia, estilo de vida,
etc. Asimismo, hombres y mujeres tendemos a padecer de cosas distintas en base
a factores fisiológicos, psicológicos y espirituales. En realidad, desde la
visión integradora de la Medicina Tradicional China, todos estos aspectos no
son más que planos distintos de una misma realidad, el Ser.
La estasis de sangre, por ejemplo, es un padecimiento muy
típico de la mujer, y sobre todo de la mujer en edad fértil. ¿Y qué es la
estasis de sangre? Es cuando la parte Yin (más material, densa, turbia, lenta,
descendiente) del tao fundamental Sangre-Energía
se hace más preponderante. Es decir, predomina lo Yin, la sangre, sobre lo
Yang, la energía. Y entonces a esa energía le cuesta mucho mover la sangre, y
la sangre se va densificando, se va enlenteciendo, se va estancando, hasta que
se queda como quieta y acumulada en un solo sitio. Eso es estasis de sangre. Y
es típico de la mujer porque la mujer es por naturaleza más Yin, y tiende a
acumular sangre de manera periódica – en el útero – para garantizar la
continuidad de la especie. Sin acumulación de sangre en el útero no son posibles
ni la fecundación, ni el embarazo, ni el nacimiento de nuevos seres.
Vemos pues que esta acumulación periódica de sangre es
normal, natural y necesaria. El problema surge cuando esa sangre acumulada – atesorada,
diríamos – no se renueva debidamente quizá por una excesiva densificación, o
quizá por una debilidad de la energía (vitalidad). Las causas y panoramas
pueden ser diversos y complejos, pero lo que interesa resaltar es que esta
estasis de sangre puede causar muchos problemas, desde dolores menstruales
hasta cáncer, pasando por dolores de cabeza, várices, quistes, miomas,
fibromialgias, endometriosis. Porque, como dicen los chinos “lo que no circula
libremente, duele”. Es decir, cuando la sangre no circula y no se renueva como
es debido, esto produce dolor. Y pasada la etapa del dolor viene aquella en la
que ese estancamiento sin sentido no se entiende a sí mismo, no reconoce
ninguna función y empieza a inventar cosas: coágulos, trombos, miomas,
fibromas, tumores.
¿Qué podemos hacer para impedir o resolver el estancamiento
de sangre? Muy simple: moverla, renovarla, ¡darle aire, espacio! ¿Cómo? Pues respirando
bien, comiendo sano y haciendo ejercicio regularmente. Suena tan fácil que
parece mentira, ¿no? ¡Pero es verdad! Los pilares de la salud son tan simples y
los tenemos tan cerca, que muchas veces no los vemos. Ejercitar nuestra
capacidad respiratoria, comer frutas y verduras en abundancia evitando todo lo
refinado (especialmente las harinas) y mover el cuerpo durante al menos media
hora todos los días. ¡Y listo! Eso debería bastar para mantener a raya la
estasis de sangre. Pero claro, en muchos casos, ni eso se logra (¡y habría que
preguntarse profunda y sinceramente por qué!) Entonces hay que buscar la ayuda
de un sanador, de una sanadora, de alguien capaz de ayudarnos a resolver ese estancamiento,
esa acumulación.
En cualquier caso, en ese proceso de prevenir, de sanar, o
de ayudar a otros, es esencial que aprendamos a conocernos cada vez mejor, que
entendamos no solo nuestro cuerpo sino también nuestra mente y nuestra alma, y nos
reencontremos con las leyes que rigen el Universo y la Vida. Si vamos en ese
camino, ningún esfuerzo será en vano, ningún sufrimiento resultará inútil,
porque al final siempre lograremos extraer alguna lección que nos ayude a
llevar una vida más sana, trascendente y feliz.
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